• El destino del mundo descansa, en cualquier momento, sobre 36 personas justas. Pueden ser cualquiera, y ellas no son conscientes de que son uno de esos individuos cruciales. La lección aquí es que cualquiera de nosotros puede ser uno de los 36, por lo que debemos actuar como si fuéramos uno de ellos, porque el destino del mundo podría depender de nosotros. No sólo eso, debemos tratar a los otros como si fueran uno de los justos también, pues nuestras acciones también podrían influenciarlos. Dada esta posibilidad, nuestras acciones diarias toman una nueva importancia y significativo.

    Perdida en una multitud como una aguja en un pajar, la leyenda de las 36 personas justas, dice que cada generación existen individuos que tienen un efecto especial positivo sobre la sociedad. Su papel es desconocido incluso para ellos mismos y la narración nos enseña que debemos actuar si el mundo dependería de nosotros.

     

     

     

     

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