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    Enamore a sus clientes

    Harry Beckwith

    Salvador Trinxet decía: “El Libro de enamore a sus clientes se me presentaba con menos expectativas de negocio que otros títulos que he estado leyendo últimamente. Sus criticas lo ponían como una libro ameno y poco denso a pesar de la temática que abarcaba. Ciertamente, este es un libro al alcance de todos y no solamente de grandes expertos en la materia.

    Fragmento del libro que considera interesante mencionar:
    Llame a su visión lo que una buena visión es. Llámela “nuestros objetivos de negocio”. Si quiere un término más inspirador, pruebe con “nuestra meta” o “lo que seremos”. Si prefiere algo más concreto, pruebe con “nuestra empresa en 2005”. Elija algo práctico y serio.
    Luego identifique esa meta concreta y apunte alto. Una meta modesta inspirará un esfuerzo modesto, hará que el viaje sea menos apasionante y diluirá el entusiasmo por alcanzarla.
    La polémica es la clave para tener un buen nombre. A la gente le encanta lo provocador, lo inesperado.
    Si todo el mundo se siente cómodo con su idea, no es una idea. Es una imitación. Siga más allá, hacia el límite, hacia algo como una huella dactilar, algo tan distintivo que despierte poderosas resonancias en unos cuantos.
    De forma parecida los clientes entrevistados por teléfono se muestran más críticos que los entrevistados en persona.
    Como son humanos, la pregunta ¿qué le gusta a los clientes? Puede plantearse mejor: ¿qué le gusta a la gente?
    Sin embargo, los asesores de marketing vuelan hoy más que nunca y se reúnen con sus clientes, cara a cara, con más frecuencia, no menos.
    Los miembros de esas firmas han descubierto que el contacto electrónico, en lugar de facilitar las relaciones cliente consultor, puede dañarlas. El contexto comunica muchas cosas y el correo electrónico carece de contexto. Faltan matices y énfasis; un mensaje directo puede sonar frío; nuestra broma amable puede pasar desapercibida porque el receptor no ve nuestra expresión.

    Internet da, pero también quita. Al hacernos creer que la comunicación electrónica puede sustituir el contacto cara a cara, Internet nos hace descuidar nuestras relaciones, algo que no podemos permitirnos.”

     

     

     
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